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Asturias, Spain
Javier Cosnava nació en Hospitalet de Llobregat, aunque reside en Oviedo. Ha publicado en papel 4 novelas como escritor en editoriales como Dolmen o Suma de Letras; también 5 novelas gráficas en España y Francia como guionista de cómic. Ha colaborado en 9 antologías de relatos: 7 como escritor y 2 como guionista. Ha ganado 36 premios literarios, destacando el Ciudad de Palma y el premio Haxtur del Festival del Principado de Asturias. Puedes seguir su obra en: http://cosnava.wordpress.com/

martes, 17 de abril de 2012

7. En defensa de la monarquía española



(Este artículo que sigue, salió publicado a mediados del 2008 en los periódicos de las cuencas asturianas CIUDAD LINEAL Y COMARCA CAUDAL)


Ser monárquico no está de moda. Criticar los gastos que la Casa Real ocasiona al erario público, quejarse de sus muchos viajes, de sus vehículos, adornos, vestimentas... eso es un signo de modernidad, de lo “cool” que somos, de cuánto nos preocupamos de que el universo sea sostenible y que las injusticias desaparezcan sobre la faz de la tierra. Hoy es prácticamente imposible, al menos entre la juventud y la gente de mediana edad, encontrar a alguien que defienda espontánea y lúcidamente lo que sea que hace un Rey como el de España porque, en primer lugar, casi nadie sabe cuál es su verdadera tarea en el organigrama del estado.

¿Qué hace un rey? ¿Se tumba al sol en las playas de Mallorca? ¿Va con su barquito de acá para allá? ¿Viaja al Japón de visita oficial y come sushi a carrillos llenos? ¿Va a reuniones como La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado para gritar al personal: "¿Por qué no te callas?"

Muy atrás queda su nacimiento, en el año 1938, encarnado en un mozalbete de 3 kilos y 500 gramos en el que confluían las dos líneas dinásticas de los Borbones, separadas tras la muerte de Fernando VII, y que fueron el germen de las Guerras Carlistas. Ya por entonces, algún observador lúcido pudo anticipar que en esa refundación se vislumbraba un destino extraordinario. Pero ese destino no eclosionó hasta el año 1975, cuando, tras aguardar largo tiempo a la sombra del agónico Caudillo, dio su primer discurso como monarca, en el que rompía con el Franquismo con sutileza, por un sistema aún más sencillo que enfrentarse a él: ignorando las señas de identidad y la fraseología periclitada del Movimiento, como si su tiempo se hubiese acabado abruptamente. Y así era, aunque algunos no quisieran entenderlo, porque Don Juan Carlos, ya en esa primera ocasión, demostraba maestría en la diplomacia y en la conducción de los asuntos más complejos, una mano izquierda que siempre le ha acompañado. De esa misma forma, exhibió visión de futuro al poner a Adolfo Suárez al frente del gobierno, cuando todos le creían un funcionario menor del tardo-franquismo y él adivinaba la sombra de un gigante que sería capaz de guiar a nuestro país hacia la democracia, aún a través de un camino de espinas que Don Adolfo sortearía con la gracia y habilidad de un funambulista.

Pero el tiempo de Suárez ya pasó, la democracia está firmemente arraigada y acaso el tiempo del rey Juan Carlos haya pasado también y ya no sirva sino para malgastar nuestro dinero.

Pero eso sólo lo que parece. El Rey, en el seno de la Monarquía Constitucional Española, hace algo fundamental que a todos nos pasa desapercibido:

EVITAR QUE LLEGUE UNA TERCERA REPÚBLICA.

Una democracia sin Rey para España es una utopía hermosa en la que fantasean algunos, y en su sueño están ausentes ciertos tipejos de sangre azul, más o menos campechanos, que se gastan el dinero de los impuestos de los españoles (insisto en el asunto crematístico pues es la frase estrella de los críticos a la monarquía). Pero esto no sólo es una falacia sino un reduccionismo. Porque lo cierto es que la República es otra cosa. La República es por encima de todo un sistema en el que un hombre es votado por el pueblo para ser Jefe de Estado (Presidente de la República) mientras que el puesto que ocupa hoy Zapatero pasa a ser un puesto secundario llamado Primer Ministro. Aludo, desde luego, a la suerte de República que hubo en España o, por ejemplo, la francesa, ambos regímenes semi o totalmente presidencialistas.

Este hombre, este Rey-presidente, tiene atributos y funciones a los que Juan Carlos I renunció de motu propio para instaurar en nuestra democracia un sistema más justo y cabal. Un Rey-presidente, siguiendo el ejemplo, el de la República francesa, designa al Primer Ministro aunque no tenga mayoría en el Parlamento, puede convocar elecciones y disolver las Cortes, organizar la política exterior y la interior, etc. En caso de cohabitación, es decir, que el partido del Presidente no pueda gobernar de facto por no tener mayoría de diputados, se reparten los poderes entre Presidente y oposición, quedando el Jefe del Estado centrado más en la representación en el exterior y/o repartiéndose bofetadas los unos con los otros.

Además, un Presidente de la República acarrea tantos o más gastos que nuestro Rey. ¿Alguien sabe lo que pueden llegar a gastar Sarkozy y la Bruni? Por otra parte, ¿os imagináis una España con Rodríguez Zapatero controlando el Parlamento y José María Aznar de Presidente de la República? ¿Cuántas tensiones podría acarrear una combinación semejante?; ¿o a Rajoy cohabitando con Felipe González en la Presidencia? Hoy en día, gobernando un partido y el otro en la oposición, ya saltan chispas, pensad qué pasaría si se tuvieran que pelear por cada centímetro de poder “real”.

Por si esto fuera poco, la elección del Presidente de la República no es tan lineal con las elecciones que conocemos y a menudo suceden sorpresas, porque en un electorado como siempre descontento con sus políticos, la gente a menudo tiende más hacia la izquierda o hacia la derecha, pudiendo acabar de candidato en la última vuelta un ultraizquierdista o un ultraderechista como Le Pen en Francia, jugándose en la última votación convertirse o no en Jefe de Estado.

Desengañémonos, España no está preparada para una tercera República ni lo estará en mucho tiempo. Un Rey es más barato y su función es tan difusa que no interfiere en las tareas de gobierno. Un Rey es lo que necesitamos, mal que nos pese, y como Don Juan Carlos es humano y por tanto su existencia necesariamente finita, debemos acostumbrarnos a ver a Felipe y a nuestra Letizia como monarcas futuros y visualizarlos más allá de la abstracción que hacemos hoy en día. El padre se ha labrado un prestigio que el hijo no tiene y acaso nunca tendrá por no tener que vivir situaciones tan extraordinarias como las que vivió España en el pasado; por eso, cuando falte el primer monarca de nuestra historia reciente, es necesario que confiemos en la institución de la Monarquía más que en la persona que la represente. Felipe ya tendrá tiempo de capear temporales en solitario y ganarse sus propiosgalones.

No creáis, sin embargo, que yo soy un defensor a ultranza de la Monarquía, los Reyes son unas figuras muchas veces discutibles, pero hay una cosa que me gusta menos que un Rey: la posibilidad de que un día no lo tengamos para equilibrar las fuerzas de nuestro sistema constitucional; la posibilidad de que en cierto momento, el Rey, un Rey, uno de estos Borbones regatistas en Mallorca, nos falte, y alguien, enarbolando la vieja bandera de la República, nos deslumbre con su retórica y nos aleje de la paz social que tanto nos ha costado conseguir.



COSNAVA:


1936Z LA GUERRA CIVIL ZOMBI
(Noviembre 2012 SUMA DE LETRAS)

WEB:             www.cosnava.es.tl

4 comentarios:

  1. Raro que haya sido en las Cuencas...o más bien no con la cantidad de "rojos" que andan por ahí. Un artículo muy bueno, que se puede aplicar a la situación actual, y que muchos de los jóvenes de hoy en día deberían leer (yo soy joven, pero por suerte mis padres me educaron de tal forma que soy consciente de lo malparados que saldríamos con una III República si hacemos caso de la historia de España y de lo que ocurrió en las anteriores). Ya sabemos que el español aprender del pasado, no aprende, como quedó demostrado en la II República. Y la democracia monárquica de hoy en día no está mal, es un "estado de bienestar".

    Y si hay que destinar dinero de las arcas al Rey, pues bueno, Felipe y Letizia... pasable, dado que Felipe fue entrenado personalmente por el rey desde muy pequeño con respecto a la diplomacia, pero lo que la gente de mi generación vemos mal es el futuro, la Doña Leonor, aún tan chiquitina, y cuyo papel no tiene previsto ser memorable.

    Muchas gracias por compartirlo! ;)

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    1. Gracias a ti por seguir mi blog!! Muchos besos desde Asturias! Y sí, aquí hay mucha gente de izquierda, pero también muchos de derecha, y de centro jajaja Lo bueno de la democracia es que todos podemos opinar ;)

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  2. Me ha parecido realmente interesante poder leer impresiones desde el otro lado, que no comparto en absoluto. Creo que es hora de avanzar y dejar la edad media por fin atrás. Dejo un enlace por si interesa; se trata de un artículo sobre el monarca Juancar que realmente vale la pena; Un abrazo y felicidades.
    https://sites.google.com/site/khoreworld/assignments/juancarlosielcampechano.

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    1. Gracias LG por tus comentarios!

      Le he echado un vistazo al enlace. El Rey tiene muchos defectos, sin duda, pero la República es mucho peor que un Rey. Eso es lo que quería explicar. No es una cuestión de no creer en el Rey. Yo mismo no creo demasiado en su figura. Pero me choca querer cambiar una cosa por algo muchísimo peor. Y por eso defiendo al Rey, por muy mal que lo haga siempre es mejor que una República, que nuestro país no sabría afrontar.

      Pero ante todo, quiero darte de nuevo las gracias por tu comprensión. Todos deberíamos aprender a respetar a los que piensan diferente. Tú das ejemplo de civismo.

      Un abrazo fuerte!!!!!!

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