Datos personales

Mi foto
Asturias, Spain
Javier Cosnava nació en Hospitalet de Llobregat, aunque reside en Oviedo. Ha publicado en papel 4 novelas como escritor en editoriales como Dolmen o Suma de Letras; también 5 novelas gráficas en España y Francia como guionista de cómic. Ha colaborado en 9 antologías de relatos: 7 como escritor y 2 como guionista. Ha ganado 36 premios literarios, destacando el Ciudad de Palma y el premio Haxtur del Festival del Principado de Asturias. Puedes seguir su obra en: http://cosnava.wordpress.com/

miércoles, 16 de mayo de 2012

12-¿Para ser una mujer de éxito debes convertirte en un hombre?



Hay una cosa que siempre me ha llamado mucho la atención de la igualdad: ésta, no pretende que los dos sexos tengan las mismas oportunidades sino que las mujeres tengan las mismas oportunidades de las que antes disfrutaban los hombres.
Nos hallamos no sólo ante un error de base, sino casi ante una gigantesca broma cósmica que ha abocado a la mujer del siglo XXI a metamorfosearse en una especie de clon perverso, imbuido de los peores valores del macho, y arrastrada por los vicios tradicionales de éste a una condición que nada tiene que ver con ser mujer.
Hace un siglo, alguna sufragista seguramente habría creído que en el mundo futuro las mujeres podrían alcanzar una madurez en sus derechos como ciudadano/a que las llevase a mejorar el mundo. Por el contrario, el mundo sigue siendo la misma bazofia competitiva, injusta, empobrecida, contaminada, deforestada... Todas aquellas plagas que hace cien años comenzaban a entreverse, han llegado hoy a un estadio que aboca a nuestro planeta a un horizonte de destrucción a través de la pérdida de la capa de ozono, el cambio climático, etcétera. La llegada de la mujer a puestos de gobierno, de responsabilidad, no ha mejorado en nada nuestro planeta porque una mujer jamás ha alcanzado ningún puesto de responsabilidad. Todo es un engaño. Una mujer, para ser presidente de un gobierno, de una empresa, de una multinacional, ha de convertirse en un hombre.
Nosotros, los machos de la especie, tradicionalmente no hemos tenido tiempo para cuidar a nuestros hijos, pues un hombre de éxito estaba dedicado a su empresa o a su designio mientras las mujeres criaban a su descendencia. Hoy, una pareja de éxito está entregada a su trabajo y terceros cuidan de su descendencia. La mujer, incorporada al mercado de trabajo, ha tenido que asumir los roles del macho de la especie y no ha aportado nada de todo el bagaje espiritual que desde siempre había llevado consigo: las mujeres son más inteligentes, las mujeres son más razonables, las mujeres son más sensibles, más empáticas... Por el contrario, los hombres son más violentos, competitivos, mordaces o despreocupados por su descendencia, como antes decía. Si contempláis a una mujer de éxito no tendréis muchos problemas en descubrir a cuál de las dos listas o enumeraciones anteriores estarán unidos sus valores. Una mujer, siendo mujer, difícilmente alcanzará absolutamente nada de lo que la sociedad le ofrece a aquéllos, independientemente de su género, que se comporten como hombres. Porque ese es el único avance real que se ha producido en nuestra sociedad en relación a la guerra de sexos: ahora, independientemente de tus genitales, siempre y cuando te comportes como un hombre, puedes llegar a la cima.
Acaso la batalla siempre estuvo pérdida porque nunca hubo ninguna batalla que librar: las mujeres pertenecen a esta sociedad y, en esta sociedad, para llegar a ser alguien hay que seguir el camino trillado: un camino que trillaron generaciones de hombres rudos y belicosos siglos y milenios atrás.
Las mujeres de hoy en día son modernas Hatshepsuts. Ella, no sé si lo sabéis, es la única mujer de la historia de Egipto que logró reinar como Faraón (incluso Cleopatra, aunque gobernase de facto, era reina por estar casada con un Ptolomeo). ¿Y sabéis cómo llegó a ser considerada Faraón (es decir, Rey) Hatshepsut? Porque los sacerdotes de Amón dijeron que se había obrado el milagro y una mañana había renacido convertida en macho. En adelante, en todas las ceremonias oficiales, tuvo que llevar la barba ceremonial. A ojos del pueblo, ahora era un hombre: condición indispensable para gobernar. Antes, ahora y siempre.
Qué pena. Qué decepción. Las mujeres, que podrían sacarnos con su agudeza de este mundo en crisis... no podrán, porque para alcanzar cualquier suerte de poder deben dejar atrás su condición de féminas.
Aunque, al menos, nos quedan las victorias pírricas: muchos hombres comparten las tareas del hogar, los sueldos se van equiparando y ciertas injusticias ya no son tan evidentes. Sin embargo, siempre me queda la sensación que si las sufragistas hubiesen vencido y las feministas no hubiesen sido incomprendidas tendríamos un mundo mejor. En su lugar tenemos este mundo y, aunque imperfecto, nos otorga cada día razones para escribir columnas y críticas como ésta.
No me quejaré más. Al fin y al cabo, yo nací hombre y no he tenido que hacer esfuerzo alguno para ser por naturaleza aquello que la sociedad espera de todos nosotros... y sobre todo de las mujeres.


COSNAVA:


1936Z LA GUERRA CIVIL ZOMBI
(Noviembre 2012 SUMA DE LETRAS)

WEB:             www.cosnava.es.tl

6 comentarios:

  1. Tienes razón: yo misma, que me niego a "ser hombre" para alcanzar el éxito, pienso sinceramente que nunca llegaré a un puesto de poder, porque mis prioridades han sido, son y serán siempre los demás, esto es, "mis" demás, que son mi familia.

    Ya "ayer", abandoné un buen puesto de trabajo por mis hijas recién nacidas. Durante unos diez años me entregué por completo a ellas, sin la menor idea de inferioridad personal por hacerlo, pues lo consideraba "lo mejor" para todos. Desde hace unos cinco o seis años, que volví a retomar la escritura, por disponer de mayor tiempo libre, he descubierto que sigue siendo "una alternativa" a mi verdadera función vital: trabajar por y para los demás. Si esto, que es lo prioritario, me deja un hueco para "mi afición", perfecto y si no, pues me aguanto.

    Ahí creo que radica la base diferencial: las mujeres SENTIMOS por encima de nuestras ambiciones personales individuales (que las tenemos, como vosotros), y si esto cambia, como bien dices, ya no seremos mujeres... seremos algo que ni siquiera nosotras seremos capaces de reconocer. Nada bueno ni para el hombre, ni para la mujer, ni para el mundo en general.

    ¿Una pena? Ni siquiera estoy segura de eso. Es más bien una realidad, aunque algunas lo sigan negando.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una mujer no necesita asumir los valores del macho, esa es la verdad. Has hecho muy bien en realizarte en tus valores. Muchas mujeres han alcanzado el poder asumiendo los valores (competitividad, falsedad, arribismo, etc) que van unidos al poder masculino tanto en la política como en los negocios o en la vida misma.

      El mundo sería maravilloso con valores femeninos: ese era el sentir del artículo. Y lamento que con la llegada de la mujer a un status de igualdad, esos valores no hayan llegado a las altas esferas que nos rigen.

      Nos iría mejor, Marga :)

      Muchos abrazos!!!!

      Eliminar
  2. He dedicado los mejores años de mi vida a la empresa que más calado puede tener en el futuro del mundo. Cuidé y eduqué en valores a mis tres hijos; ahora son adultos libres, sensibles y respetuosos con su prójimo y luchadores. No encuentro mayor éxito para una sola vida. Bien, pues ahora resulta que esto no tiene importancia, que cuidar a los más indefensos, a los que más nos necesitan y encierran el futuro, es algo que se puede conseguir pagando, o que el estado puede hacer gratis; lo “guay” es ser parte de la población activa, contribuir a la riqueza del país haciendo, siendo, mimetizando con el mundo masculino en todos sus aspectos.
    Por supuesto, exijo igualdad de derechos, faltaría más; quiero poder elegir qué camino seguir sin que ninguna ley me desfavorezca con respecto al resto. Pero no quiero renunciar a esa parte de mí de la que me siento orgullosa.
    Un afectuoso saludo.

    ResponderEliminar
  3. Jo, qué razón tienes! Iba a añadir o a comentar, pero lo has dicho todo tú perfecto. Genial. Gran verdad ;)

    Abrazos!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  4. Hola, Javier: Estoy de acuerdo en tu exposición. Una mujer hoy en día tiene que "ser hombre" para todo tipo de trabajo que exija una jerarquía. Tomar decisiones, mandar a los subordinados, imponerse ante sus compañeros hombres de inferior categoría profesional... Y dejar atrás su vida personal. Para triunfar no hay que tener vida personal, sino dedicarse por entero a la diferente profesión que desempeñe. Pero luego ¿que? Sus sentimientos más primitivos, como ser madres les hacen muchas veces renunciar a un status conseguido con esfuerzo.
    Si volviera a nacer... quisiera ser hombre. Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Es duro ser mujer y se ha avanzado poco en la igualdad de sexos, aunque parezca lo contrario. Eso quería expresar en mi artículo y me llena de alegría ver que todas las mujeres que lo habéis leído estáis de acuerdo con lo que digo.

    Saludos desde Asturias!

    ResponderEliminar