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Asturias, Spain
Javier Cosnava nació en Hospitalet de Llobregat, aunque reside en Oviedo. Ha publicado en papel 4 novelas como escritor en editoriales como Dolmen o Suma de Letras; también 5 novelas gráficas en España y Francia como guionista de cómic. Ha colaborado en 9 antologías de relatos: 7 como escritor y 2 como guionista. Ha ganado 36 premios literarios, destacando el Ciudad de Palma y el premio Haxtur del Festival del Principado de Asturias. Puedes seguir su obra en: http://cosnava.wordpress.com/

miércoles, 20 de junio de 2012

16-Malditos bastardos, la película que le habría encantado a Hitler




         Ayer tuve la desgracia de ver la última película de Tarantino: Malditos Bastardos. No debería haberlo hecho. Porque Malditos Bastardos no es sólo una mala película: es una película nazi. Sí, NAZI, habéis oído bien. El propio Hitler o Goebbels, su ministro de propaganda, la habrían aplaudido a rabiar de seguir vivos. Pero, ¿no trata este bodrio infecto de un grupo de americanos que se convierten en un comando y matan nazis a cascoporro con unos métodos y unas maneras más cercanos a Pepe Gotera y Otilio que a unos soldados profesionales? Sí, de eso va. Pero, en realidad, es sólo lo que parece. Esta película trata en verdad de unos asesinos en serie, los bastardos americanos de Brad Pitt, que matan a cualquier alemán de uniforme que se cruza en su camino porque los consideran enemigos de su pueblo, tratándolos como si no fueran personas sólo por ser sus adversarios y violando todas las normas de la guerra, de la decencia y de la moral porque se enfrentan a ratas, a subhumanos, seres cuyas vidas no merecen ser vividas (Lebensunwerter Leben, uno de los axiomas principales del exterminio nazi).

            Una de las lecturas de cabecera de un buen SS era el libro de E. E. Dwinger “Der Todt in Polen”: Asesinato en Polonia. En él, se ilustraba a los jóvenes SS sobre la importancia de no considerar a los enemigos seres humanos sino terroristas (los nazis utilizaban el término “enemigo del pueblo”, pero es lo mismo). Pronto, los jóvenes oficiales SS comprendían que “un buen hombre” alemán podía exterminar a otras razas a su gusto sin que su conciencia tuviera que sufrir por ello. Por su parte, Goebbels financió, para terminar de impregnar de racismo y xenofobia a su población, películas como Wunschkonzert, Der Ewige Jude o Die Grosse Liebe. La primera trataba de mostrar a los alemanes la importancia de escuchar las consignas de la radio y de los discursos de sus líderes para poderlos manipular a su antojo; la segunda trataba de denigrar a los judíos y de mostrarlos como una raza malvada por naturaleza que no merecía existir; la tercera era la historia de una pareja de alemanes enamorados que conseguían salvar su relación a cualquier precio, en medio de la muerte, la guerra y la confusión creada por los enemigos sionistas, eslavos y de las democracias occidentales. Estas películas fueron vistas por millones de “buenos hombres” alemanes que descubrieron que sus enemigos eran terroristas, seres que no merecían seguir viviendo y que ni siquiera necesitaban un juicio para ser condenados.

            He repetido hasta la saciedad la importancia de no humanizar al nazismo. Los nazis eran unos monstruos y no merecen perdón, pero no así los soldados del ejército o los alemanes en general. Hay que saber diferenciar entre culpables y enemigos: los nazis eran culpables, terroristas de estado, asesinos sin alma; los alemanes, sólo nuestros enemigos. Un soldado que luchaba por su país, un padre que defendía a sus hijos durante el asedio de Berlín, un niño que fue reclutado a la fuerza para defender el bunker de Hitler, todos esos eran seres humanos y en ningún caso nazis.

            Hace unos meses, en mi novela gráfica, Un Buen Hombre, ya hablaba del peligro de creernos unos “buenos hombres” y actuar como nacionalsocialistas, como sucede hoy en demasiadas ocasiones cuando, bajo el apelativo “terrorista”, pretendemos englobar a cuántos queremos despojar de humanidad. Alguien puede odiar o enfrentar a las democracias occidentales y no ser un terrorista: si a un adversario lo podemos encerrar en Guantánamos, torturar, asesinar... a discreción, no seremos mejor que los nazis. Si pensamos que a un enemigo se le puede condenar sin un juicio previo, si una película tan maniquea como Malditos Bastardos no nos revuelve el estómago, es que hemos perdido la equidistancia. Lo dije una vez y lo repito: si los nazis hubieran ganado la guerra, la mayor parte de nosotros seríamos nazis. Tanto es así, que cuando vemos una película nazi como Malditos Bastardos no sabemos distinguirla de una antinazi.

            Hasta ahora, en el cine, antes de matar a un soldado alemán desarmado, se mostraba cómo había matado a niños, gaseado a judíos, y se le dibujaba como a un malvado arquetípico. En la infame película de Tarantino se ha hecho tristemente famosa una escena en que el comando de Pitt captura a un alemán del ejército, no un SS de un campo de exterminio. Éste hombre es dibujado como un buen soldado, valiente, condecorado con la Cruz de Hierro. Pero como se niega a delatar las posiciones de los suyos, es asesinado a golpes con un bate de béisbol. Su delito: ser alemán, ser un terrorista, un enemigo del pueblo, alguien que debe morir sin juicio, explicación ni remisión. Entre muchas, hay otra escena particularmente perversa: una muchacha siente remordimiento por haber disparado a un soldado alemán y éste, cuando ella se inclina a ver cómo se encuentra, la cose a balazos. Es el típico guiño de las películas nazis de Goebbels: si tienes un instante de debilidad hacia un judío, éste te arruinará, se quedará con tu patrimonio, se acostará con tu mujer y luego con tus hijas. Ah, cuánto hubiera disfrutado Adolf con esta gran película del “genio” Tarantino y que sus enseñanzas nazis hayan llegado tan lejos en el tiempo, hasta nuestros días.

            Yo no quiero caer en el pensamiento bipolar nazi de que somos “nosotros” contra “ellos”, y que “ellos” son todos los que los medios nos señalen como enemigos. Porque si tenemos dudas de que esos “otros” son malos no tardarán en acusarlos de ser terroristas (recordad, en terminología nazi: enemigos del pueblo o Volksfeinde), y entonces nadie podrá decir una palabra en su favor porque, ¿quién defendería a un terrorista?

            Yo quiero que mi enemigo tenga un juicio justo y se le condene por sus actos no por la maldad que se le presupone por ser mi adversario.

            Yo no quiero ser un “maldito bastardo”.



11 comentarios:

  1. buena pagina!!! jeje Atte: @reporterene :)

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  2. me cambie el nick en mi perfiL....me siento un spam! jaja •Saludos

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    1. Saludos. Gracias por seguirme. Un abrazo!!!!

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  3. La verdad es que ahora me has causado un gran conflicto...

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    1. jajaja no te preocupes. Cada uno tenemos un punto de vista. Si se ve la película como un divertimento puede gustar. Pero a mí es el mensaje el que me soliviantó :)

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  4. Respeto tu opinión, pero no estoy para nada de acuerdo con ella. Primero, me parece que juzgas muy el film haciendo una interpretación muy superficial al decir que es “una película nazi” solo por que los protagonistas utilicen “métodos” de lucha contra el fascismo, que se podrían tildar de nazis. A veces, contra el fuego, sólo se puede usar fuego. Desde nuestra posición histórica décadas después del holocausto y de la guerra que masacró a Europa, puede resultar sencillo decir que este tipo de actuación, el de los bastardos, se envilece por ponerse a la altura del mal que pretende combatir, y creo que es esto precisamente de lo que Tarantino pretende hablar, usando su peculiar modo de abordar temas desde “otro punto de vista”. Que yo sepa, en la película, sólo asesinan auténticos Nazis, oficiales de las ss y altos mandos, en ningún momento niños ni civiles alemanes. Como sí hacían los nacis. La escena en la que capturan a un mando y pretenden sacarle la información de un puesto avanzado a golpe de bate de baseball, es en mi opinión un claro ejemplo. Le dan la oportunidad al mando de hablar, y éste estoicamente prefiere dar la vida por su causa, esta escena casi otorga al naci de cierto heroicismo, es la magistral manera de Tarantino de poner al espectador en posiciones en las que nunca se pondría, que no son usuales, esa es creo yo la grandeza de este director. Al nazi que si canta no lo matan, pero lo marcan con una esvástica en la frente para que después no pueda disimular que fue un naci, me parece una aptitud justa muy diferente de la de un nazi.
    Por otro lado el gamberrismo de Tarantino, termina por imponer un final ficticio, como es el asesinato del mismo Hitler y sus oficiales, en un cine francés a manos de una francesa y su pareja que es un hombre negro. Sinceramente no creo que ni Hitler ni ningún nazi aplaudiera este final. Sólo decir que creo que es una gran película, que toca un tema delicado con el gamberrismo lúcido de Tarantino. Y que no es un film ni nazi ni de puro entretenimiento. Sólo hay que estar abierto a las proposiciones que el director hace, y que es un artista si no alguien que cuestiona lo establecido y que da precisamente eso “nuevos puntos de vista”. Saludos y enhorabuena por este magnífico blog.

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    1. Yo soy un fanático de Tom Selleck, me he visto todas sus pelis, series, lo que sea...
      Probablemente si Tom Selleck saliera en Malditos Bastardos igual no conseguiría ser objetivo.
      Malditos Bastardos es (para mí) una muy mala película y moralmente censurable. Es que yo no soy fan de Tarantino; me encantó Reservoir Dogs, me maravilló Jackie Brown (de largo su mejor película), Pulp Fiction no está mal pero el resto...
      Se le consienten cosas a Tarantino por ser Tarantino que a nadie más se le consienten. Cuando alguien se convierte en mito... MALO, porque ya nadie consigue ser objetivo con su obra.

      A mí me encanta Bergman, pero hay dos peliculas que no me convencen, por mucho que sea Bergman.

      No por ser Tarantino tiene que ser una gran película.

      Un abrazo y gracias por opinar.

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    2. Eso sí, sólo es mi opinión. Los críticos de todo el mundo ven un gran película es MALDITOS.

      Igual estoy equivocado pero a veces creo que esos críticos no han visto las pelis de Bergman ;)

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    3. Ah, y no quería decir que tú no eres objetivo en tus opiniones sino que no lo son los críticos en general porque Tarantino se ha convertido en un mito en vida como lo era Bergman que en pleno apogeo sacó dos mierdas y todo el mundo las tildó de obras maestras porque era EL GRAN BERGMAN.

      Para mí Malditos es una peli malísima y si no fuera de Tarantino nos estaríamos aún riendo de ella.

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  5. en una cosa estamos deacuerdo, desde pulp fiction ha perdido un poco el punch. jeje. saludos Javier.

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