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Asturias, Spain
Javier Cosnava nació en Hospitalet de Llobregat, aunque reside en Oviedo. Ha publicado en papel 4 novelas como escritor en editoriales como Dolmen o Suma de Letras; también 5 novelas gráficas en España y Francia como guionista de cómic. Ha colaborado en 9 antologías de relatos: 7 como escritor y 2 como guionista. Ha ganado 36 premios literarios, destacando el Ciudad de Palma y el premio Haxtur del Festival del Principado de Asturias. Puedes seguir su obra en: http://cosnava.wordpress.com/

lunes, 30 de julio de 2012

20-ZINGARA, De Salva Rubio



He estado unos días fuera de juego respecto a mi blog, primero por el viaje a Barcelona, luego con el festival Celsius de Avilés y finalmente con las correcciones de 1936Z LA GUERRA CIVIL ZOMBI. Una vez acabado lo anterior, regreso al trabajo, y lo hago reseñando la obra del genial Salva Rubio. Este artículo que sigue ha salido en papel en los diarios Ciudad Lineal y Comarca Caudal pero con las vacaciones no consigo que nadie me mande el PDF, así que lo cuelgo en el blog y cuando me llegue el PDF se lo mando al autor o lo cuelgo de nuevo y hacemos promoción doble de su novela, qué demonios. Ahí va!!!!


Esta no es la foto que sale en los periódicos con la reseña de la novela, pero... a qué mola un montón!!!!



ZINGARA, de Salva Rubio
           
            La literatura es un lugar de iniciaciones. El escritor siempre es novel, siempre se está descubriendo, siempre quiere ir un poco más allá. Salva Rubio, en su primera novela, nos lleva de la mano al terreno de esa literatura iniciática que es la verdadera literatura.
            Y lo hace valiéndose de un protagonista disminuido físico, un chaval de quince años que cruza España a la búsqueda de Jim Morrison, el líder de The Doors, el icono de una generación rebelde que le sirve de vórtice de esa espiral iniciática a la que me refería al principio.
            Jim Morrison está al final de su camino y Jaime, el protagonista, al principio. La iniciación de Jaime es la iniciación del autor, que se descubre como una narrador capaz de generar una empatía tan poderosa en el lector que nos olvidamos que somos nosotros mismos, y pensamos por un momento que somos un adolescente a la búsqueda de un mito del rock. Da igual hallarlo, o tal vez no. ¿A quién le importa? Todos los caminos son Ítacas y aunque el viaje pueda defraudarnos, al final sólo era una excusa para salir de casa, para moverse de ese lugar donde estábamos encerrados, presos de nuestras limitaciones físicas o psicológicas, de nuestros miedos.
            No sé por qué, mientras leía la novela pensaba en el Principito, la excepcional obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry. Sí, de acuerdo, ésta es una historia de tono infantil, por más que tenga un mensaje universal. Pero como ZINGARA es una historia iniciática; como ZINGARA es la narración en primera persona de un niño disminuido que en realidad tiene el poder para dejar de serlo y lo sabe tanto como parece ignorarlo; como ZINGARA es una novela que, escondida tras el velo de una prosa llana y directa, dice cosas muy profundas y escupe trozos de verdad acerados como cuchillos.
            Y es que la novela de Salva Rubio es ese tipo de novela que, luego de terminarla, nos impele a salir de casa, a buscar esa Ítaca que Ulises soñaba y que Jim Morrison cantaba en su “Break on through to the other side” o en palabras de Salva Rubio, puestas a su vez en labios de Jim: “¡Vive!”

            Lo más relevante sobre mí es que no he salido de casa en toda mi vida. No sufro mucho por ello, no os engañéis. Lo prefiero así. Así pues, me llamo Jaime, tengo casi quince años y lo único que quiero en la vida es que me dejen tranquilo. Cosa que es bastante más difícil de lo que parece. Porque The Doors vuelven a retumbar en la habitación de abajo.

martes, 3 de julio de 2012

19-Mi madre y el cáncer




            Mañana miércoles me voy a Barcelona. Tengo algún asuntillo que negociar con mi agente, alguna que otra reunión de trabajo adicional... pero eso es lo de menos ahora. Hace unos meses estuve en la Ciudad Condal cuando operaban a mi madre de un cáncer de mamá. Y ahora regreso para darle una sorpresa.
            Mi hermana ha quedado con ella para una cena informal y mi madre no sabe que nos reuniremos toda la familia de nuevo al completo después de tres años en que los trabajos de unos y de otros nos han impedido coincidir a la vez todos juntos.
            Será un gran día y como mi madre no tiene interés alguno por las redes sociales (y cualquiera que lo tiene y la conoce está en el ajo) puedo colgar este artículo sin miedo al spoiler y cargarme la sorpresa.
            Entretanto, la operación ha ido bien y mi madre, Lucía, se está recuperando. Ya casi nunca tiene vómitos o jaquecas por las pastillas de la quimio y el mundo sigue girando, gracias a los dioses. Esperemos que las pruebas siguen en el futuro el mismo camino y el cáncer no se reproduzca.
            Hoy quería hablar de las envidias entre escritores, de ese rictus que se le pone a muchos en la cara cuando triunfa el de al lado y él no, ese “oh, cuanto me alegro” que se dice con los dientes apretados y los labios temblones de rabia. Sabía que sería un tema que levantaría ampollas y que habría más de un comentario o anécdota suculenta que afloraría o, mejor, que se callaría.
            Pero he sentido que debía hablar de mi Lucía, que sigue viva, existiendo en este mundo imperfecto, en crisis perpetua, desmoronándose, ardiendo en tierras valencianas (de donde es mi familia) y de mal en peor.
            Tal vez sea el final del sistema capitalista y todo se venga abajo y sí, tal vez sea un egoísta, pero aunque todo estallara por los aires, quiero ver cómo estalla junto a mi madre.
            Sólo eso quería decir. Pardiez, es mi madre. El resto de comentarios sobran.

    MI MADRE Y YO HACE 10 AÑOS, EN UNA FIESTA